
Ya llevo diciendo de un tiempo a esta parte que la Política está siendo un campo abonado para la práctica del surrealismo. Lo que a todos nos puede parecer insólito se convierte, por arte de magia de algunos políticos, en hechos reales que rayan el despropósito.
No obstante hasta eso, la capacidad de llegar al despropósito, se puede superar. De hecho, ya se ha superado.
Mariano Rajoy, insigne líder del PP, se dirige, emulando al Jefe del Estado -el Rey- en un discurso a los ciudadanos de España. Les pide que defiendan con él la bandera y que hagan gala de su patriotismo coincidiendo con la celebración de la fiesta nacional.
Su forma de actuar tiene un nombre: delirios de grandeza. Ni Aznar, del que todo el mundo sabe y conoce su capacidad para desarrollar el ego, fue capaz de tanto: imitar de mala manera al Rey y hacerlo con un discurso que pretende ser "oficial" y que lo único que hace es dividir, aún más, a los españoles.
Yo no admito lecciones de patriotismo de nadie. Absolutamente de nadie. Y menos de Mariano Rajoy por muchos delirios que tenga. Pertenezco a una familia normal de este país, militantes muchos de nosotros de la izquierda política. Pero por si eso me coloca en la anti-España le diré al señor Rajoy que mi hermano mediano, con sus escasos 22 años, se encuentra en el Líbano, en una misión de paz internacional, representando como militar -que es lo que es y lo que le gusta ser- a nuestro país y nuestra bandera.
Menos lobos y menos utilización partidista de la bandera. Menos tratar de dividir a los españoles y más resolver los problemas de los ciudadanos, dando alternativas creibles y reales para los problemas que tenemos la gente.
El PP -no sólo a nivel nacional- tiene un grave problema. Los sectores más neoconservadores han tomado el poder o lo intentan tomar bajo el lema "hay que darles caña". O lo que es lo mismo: caña, caña, caña, -raca,raca,raca que diría Peridis- con lo que sea y al precio que sea. Cueste lo que cueste... Lo vengo observando y lo vengo hablando con amigos, incluidos amigos del PP. Hay dos PP. Uno, realista, con los pies en la tierra, moderado, que es capaz de llegar a acuerdos y que se quiere centrar porque piensa que es así como puede volver -o llegar- a gobernar. Otro, el que cree que para ganar al PSOE tiene que aplicar una política de ir contra todo. Dos tipos de políticas que definen dos tipos de políticos que habitan en el PP.
Frente a los delirios de grandeza, la vacuna se llama humildad. Y cuando uno es incapaz de ser humilde sólo existe una solución: que otro le aplique esa necesaria humildad, a través de una urgente cura. Y esa cura se llama Democracia. Y en marzo se podrá aplicar. Si queremos.