Cada uno tienes sus propias fechas para el recuerdo. La más importante de mi vida es un 4 de enero. Un 4 de enero de hace treinta años, mi madre y mi abuela iban camino del Hospital Valle del Nalón en un seiscientos. El seiscientos de Paulina, una de las vecinas del portal de mi güela Lala, en Fontoria Nueva, el barrio dónde me crié y dónde viví más de veinte años de mi vida. Mi padre y mi abuelo Tito, mientras, estaban trabajando en la mina, trabajo al que ya se dedicaron antes que ellos sus padres y abuelos. Un barrio, Fontoria, que para mí lo es todo, lleno de recuerdos de la infancia. Junto con ese momento estelar del seiscientos camino del hospital, me quedo con las idas y venidas a casa de Carmina, la vecina de puerta con puerta de mi güela o las escapadas con mi madre a casa de Pili, en el primero del mismo portal. O los juegos en la barriada, lleno siempre de guajes, disfrutando al máximo de un barrio en el que la vida se hacía y se hace sobre todo en la calle...Así es. Cumplo treinta años. Nací unos pocos días después de que entrara en vigor la Constitución Española -lo hizo el 31 de diciembre de 1978-. Y unos meses antes de que Laviana celebrara de nuevo, tras la larga noche del franquismo, elecciones municipales, que dieron como vencedor a Pablo García, encabezando la lista del PSOE. Es curioso. Cumplo treinta años teniendo el inmenso honor de representar a mi pueblo como Alcalde justamente en el año en que se conmemora el treinta aniversario de aquellas primeras elecciones democráticas, en las que mi admirado Pablo, maestro y amigo, fue elegido Alcalde.
Siempre me ocurre igual. Cuando se acerca la fecha de mi cumpleaños recuerdo muchas cosas ya vividas y muchas personas sentidas, a las que quise y quiero, que ya no están. Estén dónde estén, sé que estarán velando por mí. Siguen estando a mi lado.
Pero también cuando se acerca mi cumpleaños pienso en la suerte que he tenido. He tenido suerte por mi familia, por mis abuelos, mis padres y mis hermanos. Por mis amigos, sobre todo los más íntimos, que son en realidad ya parte de mi familia. Por la gente que quiero y que me quiere. Por todos aquellos que me han permitido y me permiten aprender de ellos y que no toman a mal mis errores. Por la gente que siempre me ha apoyado y que me apoyará en el futuro, porque nadie es nada si está sólo. Siempre necesitamos el cariño y el apoyo de los demás. Por esas personas tan especiales en la vida de cada uno de nosotros, cuya sonrisa permite que se ilumine la noche.
Treinta años de existencia. Sólo espero y deseo que los próximos treinta me vaya igual de bien, que siga sintiendo el cariño de los que más me importan y disfrutando de los buenos momentos con ellos. Y pese a aquellos que dicen que hay que desterrar de los recuerdos los momentos tristes de la vida yo prefiero quedarme con todos. He vivido buenos y malos momentos. Me quedo con todos. De todos he aprendido. Todos los he vivido y todos forman parte de mi forma de ser. Todos esos momentos son mi patrimonio personal, el único que realmente tengo.
En fin. Y van treinta años.


