
Estos días, leas el periódico que leas, veas la tele que veas o te informes por internet ves que existe un tema que todo lo ocupa: el de los controladores aéreos. Si algo tengo es que no opino nunca a la ligera, me gusta informarme de las cosas y luego, con la mayor información posible en la mano, analizar este y otros debates.
Todo empieza, en pleno puente festivo de la Constitución, cuando se produce un abandono masivo de los controladores aéreos, que no acuden a sus puestos de trabajo. El primer efecto, el que se ve, cientos de miles de personas "tirados" en los aeropuertos, sin posibilidad de viajar esos días. Bodas suspendidas, fallecimientos sin tener cerca a las personas queridas, vacaciones no realizadas... Hubo gente afectada de Laviana en este caos. Sin ir más lejos, nuestra Portavoz en el Ayuntamiento, Ana Fernández y nuestra común amiga Cristina Remesal. Éso es lo que se ve. Lo que todos seguimos en directo gracias al trabajo de los medios de comunicación. Ahora, a mí me preocupa algo mucho más grave. Si se produjo ese abandono, ¿quién vela por la seguridad aérea? Porque claro, hablamos de personas que no se dedican a mantener en buen estado los aeropuertos, sino que velan por la seguridad de los vuelos, guían a los aviones por las "autopistas" aéreas.
La respuesta del Gobierno fue contundente. Vimos en directo las explicaciones de Rubalcaba, el Vicepresidente y de José Blanco, Ministro de Fomento. Declaración del Estado de alarma y militarización de las torres de control de los aeropuertos. A los controladores no les quedó más remedio que volver a sus puestos de trabajo.
Aquí ya surgen dos debates. El primero, aquellos que atacan al Gobierno por ir en contra del derecho de huelga de los controladores. Pues bien, para empezar, esta no fue una huelga legal. Y no lo fue porque no se avisó con el tiempo necesario, ni se pactaron los servicios mínimos -repito, hablamos de la seguridad de los vuelos-. Por tanto, de ejercicio del derecho a la Huelga, nada de nada. Lo que hubo, lisa y llanamente, fue un abandono masivo de sus puestos de trabajo. Y eso, aquí y todos los países democráticos, NO es legal.
Segundo debate (con ataque incluido al Gobierno): la declaración del estado de alarma. Vayamos por partes. El estado de alarma viene definido en nuestra Constitución -por tanto, es un poder que tiene el Gobierno gracias a la Constitución española, en concreto en su artículo 116-. Una Ley orgánica, del año 1981, desarrolla ese artículo y dice cosas tan interesantes como "procederá la declaración [...] cuando circunstancias extraordinarias hiciesen imposible el mantenimiento de la normalidad mediante los poderes ordinarios de las autoridades competentes". Esa misma Ley, en su artículo 4, hace referencia a los estados de alarma diciendo que procede su declaración en caso de: "Paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad...". En mi opinión, ante este abandono masivo que dejó tirados a cientos de miles de personas y que puso en riesgo la propia seguridad aérea, el Gobierno hizo bien aplicando los poderes extraordinarios que la Democracia y la Constitución le otorgan para estos casos. Creo que, a estas alturas, nadie podrá negar que la seguridad aérea es un servicio público esencial para la comunidad".
Hay gente que dice que el problema es del Gobierno, no de los controladores. Mejor dicho: eso es lo que dicen los controladores. También dicen que no es cuestión de dinero. Bueno, vayamos por partes. El problema de los controladores aéreos con este Gobierno viene de una decisión muy clara: la limitación, por Decreto, de los sueldos de los controladores aéreos. El Ministro de Fomento dijo que era insostenible la situación y que, con la que está cayendo, era amoral que se produjeran estas situaciones. Ya entonces, hace de esto varios meses, recordemos, los controladores aéreos vinieron a aplicar una huelga encubierta. El segundo golpe que les ha dado el Ministerio y que les parece insostenible es la clarificación de ciertos aspectos que buscan evitar el fraude de las bajas abusivas "por enfermedad" de los controladores. Por tanto, aquí hay dos opciones. Sólo dos. Una, plantarles cara o dos, pactar con ellos y permitir que siguieran cobrando esos sueldos sin límites que cobraban hasta los primeros meses de este año. Cada uno, en esto, me imagino que tendrá su opinión. La mía es clara: no se podía permitir esa situación.
Puedo entender que se critique al Gobierno cuando se equivoca pero, en mi opinión, en esta ocasión no se han equivocado lo más mínimo. Y a aquellos que acusan de que ha desaparecido el talante sólo quiero recordarles algo: cuando se produce un ataque de este estilo, tan desproporcionado y grave, la labor de un Gobierno es defender a la gente con todos los poderes que le concede la Constitución y la Democracia. Por cierto, hablando de los controladores, ellos ahora hablan de "arrepentimiento". Casi tan masivo el arrepentimiento como masivo fue su abandono del puesto de trabajo. Ahora, lo que han dicho y escrito ahí está y me quedo con las palabras de una controladora aérea, Cristina Antón que orgullosa de su acción cargaba contra los viajeros que querían disfrutar de "sus putas vacaciones" o increpando a los viajeros con una pregunta: "¿dónde cojones dice que seamos vuestros putos esclavos?". Ahí es nada. Si tenían alguna posibilidad de tratar de convencernos, con portavoces como la señora Antón, las pierden de golpe.
En fin, otra historia que sumadas a otras muchas se convierten en la Historia con mayúsculas. Aprendamos de ella.