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27.7.11

una reflexión muy de actualidad

“Quizás los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia”

extracto del discurso de dimisión de

Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno

29 de Enero de 1981



PD: Una reflexión que sé, le gusta mucho a mi güela Lala. Y de actualidad, hoy más que nunca.

1.1.11

Tito y Lala


Ayer, 31 de diciembre, nos juntamos la familia en casa de mis abuelos Tito y Lala, en la barriada de Fontoria Nueva, para despedir el año. Lo hemos hecho numerosas veces. Lo seguiremos haciendo en el futuro... El estar juntos hizo que volvieran a mí recuerdos que me traían esa misma imagen de años atrás. La misma casa -con cambios de decoración-, las mismas caras -con menos años- y los mismos rituales. La cena compartida, los brindis, las uvas, todo forma parte de esos recuerdos. Pero presidiéndolos, siempre, la presencia de los patriarcas, de mis güelitos Tito y Lala.

Para quién no lo sepa yo nací y me crié en esa casa. En ella viví con mis abuelos veinte largos años de mi vida. Es el día de hoy que sigo yendo a comer diariamente a casa de mis abuelos. Siempre digo que para mí mis güelos son mucho más que eso, son unos padres complementarios a los que tengo. Y de tener estos güelos, de habernos criado mis hermanos y yo con ellos, me siento tremendamente orgulloso.

Lala es el carácter por naturaleza. Mujer fuerte, de valores firmes, entregada siempre a su familia. Lo está ahora pero lo estuvo siempre. Cuando era joven, casi una niña, la trasladaban en su familia de casa a casa para que atendiera y ayudara a las madres recién dadas a luz. Ya entonces se entregaba a los demás... Es la dedicación a los demás personificada. De ella dicen que he heredado el apego al trabajo, el valor de la responsabilidad, el exigirme siempre rendir al máximo... Pero Lala, por encima de todo, es una mujer buena, con unos ojos verdes preciosos que nunca he descubierto en nadie más.

Tito es la alegría de nuestra familia. Yo siempre digo que mi güelu siempre ha sido, esencialmente, un hombre feliz. Tengo pocos recuerdos de mi abuelo triste, quizás los únicos cuando le dan sustos su Sporting del alma o el partido político en el que siempre ha creído y milita, el PSOE. Mi abuelo es el hombre sociable, el que cuenta anécdotas, el que hace bromas o se ríe y le encanta que se rían. Con un sentido del humor a prueba de bombas. Es al que le gusta tomar su pinta de vino con sus amigos y tertuliar. Al que le gusta hablar con la gente por la calle y darles su particular remedio contra el tabaco: sus inseparables caramelos. Acompañado en los últimos años de su boina o gorra -depende la estación- y de su cayau... De él dicen que he heredado mi sentido del humor y mi sociabilidad, mi forma de tratar con la gente.

La verdad es que he tenido suerte al tener esta familia y, particularmente, al tener estos abuelos. Suerte que comparto con mis hermanos y mis primos que recuerdan -recordamos- con especial alegría aquellos domingos en los que nos juntábamos todos en casa de Tito y Lala para compatir mesa y tarde. Esos míticos domingos, tan tradicionales en nuestra familia, siempre están presentes en mis recuerdos. Nunca entenderé como cogíamos todos en aquella casa: mis abuelos, mis padres, mis tíos Roberto y Marifé. Mis primos Igor y Saray, mis hermanos Pablo y Borja. Yo. Todos juntos dábamos vida a aquellos domingos en el que era, por excelencia, el día de nuestra familia.

Hoy, 1 de enero de 2011, me apetece comenzar el año de esta forma: recordando. Dejando que mi memoria y mis vivencias vengan aquí. Soy lo que soy porque he tenido la suerte de encontrar en mi camino a esta familia y, como no, por haber sido críado en la casa de estas dos personas, de mis abuelos Tito y Lala, que son parte inseparable de mi vida y también de mi destino. Para ellos, siempre, mi cariño.