
El 18 de julio de 1936 forma parte de la memoria colectiva de nuestro pueblo, como una fecha de terrible recuerdo. Ese día, un buen número de militares -entre ellos Francisco Franco-, deshonraron su juramento de fidelidad a la Constitución y las leyes entonces vigentes e iniciaron, con su golpe de estado, la guerra más terrible de nuestra historia como país: la guerra civil española.
Es una fecha que, aunque no nos guste recordar, debemos tenerla presente. Recordar es, sin duda, la mejor vacuna para que nunca repitamos ese mismo destino. Recordar es aprender de la Historia, es tener en cuenta lo que pasó y saber que, en nuestro país, hubo un tiempo en el que pensar de forma diferente tenía un futuro claro: la cárcel, la muerte o el exilio.
España, tras aquella guerra que enfrentó a unos hermanos contra otros, quedó profundamente herida. Casi cuarenta años de régimen dictatorial, de vivir sin libertades, de opresión del que pensaba de forma diferente, forma parte de nuestra historia. La historia de la que no nos sentimos orgullosos pero que debemos, sin duda, conocer.
Yo condeno, con voz clara y firme, el golpe de estado del 18 de julio de 1936. Condeno a los culpables de iniciar la terrible guerra civil, que provocó muerte, desolación y pobreza. Que nos privó de avanzar al mismo ritmo que el resto de países europeos del mundo occidental.
Quiero tener un recuerdo para TODOS los muertos a consecuencia de la guerra civil. Y especialmente hoy, quiero tener presente a un hombre al que admiro profundamente: Julián Besteiro. Fue Presidente del PSOE y Presidente de las Cortes Republicanas entre 1931 y 1933. Al finalizar la guerra se quedó con su pueblo, fue detenido y, aunque era un anciano, se le trató por el franquismo con la mayor de las crueldades hasta provocarle su muerte en la cárcel de Carmona (Sevilla). Hombre moderado, catedrático de Universidad, persona a la que le debemos mucho. Muchas de sus ideas que entonces no tenían espacio, son hoy realidades que conocemos y vivimos en la actual etapa democrática.
Y junto a él, quiero rendir tributo a la generación que hizo posible la transición española. Y de forma muy especial a Adolfo Suárez. Ahora que él no recuerda, yo lo quiero recordar a él. Gracias a su empuje, sus ganas y su energía, gracias a su mandato como Presidente del Gobierno, fue posible pasar de una dictadura a la actual etapa democrática en la que vivimos. Gracias a él -y a muchísimos que desde todas las ideas colaboraron con él- hoy vivimos en Libertad.
El 18 de julio de 1936 es una fecha terrible en nuestra historia. Pero no la podemos desechar, ni olvidar sin más. Hace 75 años hoy, se iniciaba la gran tragedia española. Ese recuerdo, hoy más presente que nunca, nos debe llevar a reivindicar con palabras firmes una gran verdad: la Democracia y la Libertad es el único camino para construir el mañana.