
El mundo mira hoy a Noruega. Noruega, la pacífica Noruega, ha sufrido un doble atentado que ha provocado cerca de un centenar de personas asesinadas por el odio. El principal sospechoso, un joven ligado a la extrema derecha noruega. Las víctimas, unas en el barrio gubernamental de Oslo. La mayoría, jóvenes ligados al Partido Socialdemócrata que celebraban su escuela de verano en la isla de Utoya.
Detrás de estos crueles asesinatos se esconde el odio al que piensa, vive o siente de forma diferente. Algunos lo llevan advirtiendo desde hace mucho tiempo: la extrema derecha no es una ideología que tenga cabida en la Democracia. Y no lo es porque ataca en su principal razón de ser a la misma Democracia: el respeto al que piensa de forma diferente. Frente a ello, contra el odio, tenemos que unirnos todos los demócratas. Debemos unirnos y eliminar del debate político el odio al que piensa de forma diferente. Tenemos que hacer callar a los que, en vez de debatir, insultan, agreden, descalifican sin control. A los que generan odio. A los que quieren destruir al que no piensa como ellos... Lo sucedido en Noruega nos tiene que hacer reflexionar. Los demócratas no podemos seguir mirando hacia otro lado.
Cada vez que pienso en esos cientos de jóvenes socialdemócratas, me emociono. Estaban disfrutando del verano en una de esas escuelas típicas que los partidos organizan para sus jóvenes en toda Europa -en España, la que se celebra en la Jaime Vera-. Lo que eran días para aprender, para disfrutar, para conocer a otros jóvenes, ha concluído con muerte y terror. Para todos esos jóvenes, para sus familias, para el pueblo y el Gobierno noruego, mi afecto y mi cariño. Para los demócratas, esos jóvenes son mártires de la Libertad. Han muerto por defender sus ideas y por creer en la Democracia.
Que lo sucedido nos haga a todos pensar. Defendamos la Libertad y la Democracia con todas nuestras fuerzas. Y plantemos cara, con todas nuestras energías, a aquellos que hacen del odio la razón de ser de su ideología.


